La detención de Catalina “Xochitl” Santiago en el aeropuerto de El Paso, Texas, expuso con toda claridad la paradoja que viven hoy los beneficiarios del programa Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA). Santiago ya había pasado el control de seguridad cuando dos agentes de la Patrulla Fronteriza la llamaron para interrogarla y la trasladaron a un centro de detención. Casi un mes después de su arresto, ocurrido en agosto de 2025, ella y su familia todavía buscaban una justificación formal para la detención, aunque su estatus DACA estaba vigente y había sido renovado siete veces a lo largo de los años.
El caso ilustra un patrón que los abogados de inmigración han documentado de manera creciente. Sin cambios regulatorios formales en el programa, la administración Trump ha intensificado las acciones contra los Dreamers, y el clima jurídico en torno al DACA llegó a 2026 más tenso que nunca. Entender qué cambió, qué sigue protegido y qué riesgos prácticos pesan sobre los aproximadamente 525,000 beneficiarios activos es esencial para cualquier persona que viva bajo ese estatus o planee migrar por vías humanitarias paralelas.
Qué es el DACA y qué protege
El DACA fue creado en 2012, durante la administración Obama, como acción ejecutiva del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Ofrece protección temporal contra la deportación y autorización de trabajo a personas que llegaron a los Estados Unidos antes de los 16 años, residían continuamente en el país desde junio de 2007 y cumplían criterios de buena conducta y educación. La renovación ocurre cada dos años y exige mantener la elegibilidad, sin condenas penales graves.
Es importante destacar lo que el DACA no ofrece. El programa no confiere estatus legal permanente ni un camino automático hacia la green card. No impide la revisión discrecional por parte de agentes federales, ni garantiza el reingreso a los EE. UU. tras un viaje internacional sin el documento de advance parole. Esa zona gris jurídica es precisamente donde han proliferado los casos recientes de detención.
El caso Santiago en detalle
Santiago tenía 28 años y trabajaba como organizadora comunitaria en Texas cuando fue detenida camino a una conferencia sobre granjas familiares en Austin. Su esposa, Desiree Miller, ciudadana estadounidense, contó que recibió un video tembloroso grabado por la propia Santiago en el momento de la intervención. Los agentes le indicaron que apagara el celular y respondiera sus preguntas sobre sus documentos de trabajo.
El DHS alegó posteriormente que habría sido detenida por cargos de invasión de propiedad, posesión de estupefacientes y parafernalia de drogas. Sin embargo, Santiago no había sido condenada por ninguno de esos delitos, y ese historial no le había impedido renovar el DACA durante siete ciclos. Aun así, la Patrulla Fronteriza justificó el intento de remoción alegando ingreso ilegal al país, ignorando que ella llegó a los Estados Unidos a los ocho años con su familia y regularizó su presencia a través del programa.
Otros casos preocupantes
El caso Santiago no es aislado. Javier Diaz Santana, beneficiario del DACA sordo y mudo, fue detenido durante un operativo en su lugar de trabajo y le confiscaron las herramientas que utilizaba para comunicarse. Jose Valdovinos, también bajo protección del programa, fue arrestado frente a una gasolinera mientras estaba en el asiento del acompañante del auto de su esposa. En todos estos episodios se repite el mismo patrón: detención en situaciones cotidianas, ausencia de una explicación clara sobre la base legal y demoras en el acceso a defensa jurídica.
La retórica del gobierno y su impacto práctico
En julio de 2025, Tricia McLaughlin, secretaria asistente de prensa del DHS, declaró que el DACA no confería ningún tipo de estatus legal e instó a los beneficiarios a autodeportarse. La afirmación, jurídicamente imprecisa, contradice décadas de orientación interna del USCIS y decisiones judiciales que han reconocido el DACA como una forma de presencia autorizada, aunque precaria.
El efecto práctico de esa retórica es triple. Primero, genera incertidumbre generalizada entre los empleadores, que dudan en mantener a los Dreamers en nómina. Segundo, alienta a los agentes de campo a interpretar la protección de manera restrictiva, aumentando el número de detenciones discrecionales. Tercero, alimenta una estrategia de agotamiento psicológico, en la que el costo de vivir bajo el DACA se vuelve tan elevado que la salida voluntaria parece la única alternativa viable.
El entorno de las audiencias de inmigración
Cuando un Dreamer es detenido, el camino de defensa pasa por una audiencia ante un juez de inmigración de la EOIR (Executive Office for Immigration Review), órgano subordinado al Departamento de Justicia. En esas audiencias, el juez decide sobre la custodia y, posteriormente, sobre la deportabilidad. La sobrecarga del sistema, sumada a la presión política del ejecutivo, ha reducido el tiempo promedio de análisis y ha aumentado la probabilidad de decisiones adversas, especialmente en jurisdicciones con tribunales conocidamente conservadores.
Caminos paralelos hacia la regularización
Algunos beneficiarios del DACA han explorado vías paralelas para consolidar una situación migratoria más estable. Entre las opciones técnicamente disponibles se encuentran:
- Solicitud de green card por matrimonio con ciudadano estadounidense, cuando aplica y cuando la persona ingresó a los EE. UU. con inspección o posee advance parole.
- Solicitudes de visa U, destinadas a víctimas de ciertos delitos que cooperan con investigaciones.
- Solicitudes de asilo, cuando existe temor fundado de persecución en el país de origen.
- Peticiones con base en VAWA (Violence Against Women Act) para víctimas de violencia doméstica.
Cada una de estas vías tiene requisitos estrictos, plazos breves e implicaciones estratégicas que deben evaluarse con profesionales de inmigración habilitados antes de cualquier trámite. Elegir mal el camino puede activar causales de inadmisibilidad que comprometan futuros intentos de regularización.
Recomendaciones prácticas para Dreamers en 2026
El entorno actual exige una precaución redoblada. Llevar consigo una copia actualizada del Employment Authorization Document (EAD) y de la última aprobación del DACA es prudente, pero insuficiente ante la postura agresiva de fiscalización. Algunas medidas adicionales ayudan a reducir riesgos:
- Mantener un plan de emergencia familiar con poderes notariales, contactos de abogados e instrucciones sobre el cuidado de menores en caso de detención.
- Evitar viajes internacionales sin advance parole aprobado y válido durante todo el período fuera del territorio estadounidense.
- Documentar minuciosamente el historial de residencia continua y el cumplimiento de las condiciones del DACA, con copias digitales almacenadas fuera del dispositivo principal.
- Establecer un protocolo de comunicación con familiares y empleadores para el caso de una interrupción repentina de contacto.
- Seguir las actualizaciones del USCIS sobre ventanas de renovación y eventuales decisiones judiciales que afecten el programa.
El drama vivido por Catalina Santiago y otros Dreamers refuerza una verdad incómoda. El DACA, en su arquitectura original, fue concebido como un puente temporal hasta que el Congreso aprobara una solución permanente. Sin esa aprobación, más de una década después, miles de jóvenes permanecen suspendidos entre la vida que construyeron en los Estados Unidos y la fragilidad jurídica que puede, en cualquier momento, convertir el trayecto rutinario a un aeropuerto en una detención.
Victoria Harper
Editor en jefe
Como periodista y editora líder en Visto n’ Visa, Victoria contribuyó para que los temas de inmigración sean abordados de forma clara, confiável y fácil de entender. Su foco es ofrecer contenido útil, humano y relevante para personas que exploran nuevos caminos en el exterior.