El despido de más de una docena de jueces de inmigración en Estados Unidos en pocas semanas durante 2025 reabrió un debate sensible: hasta qué punto los tribunales administrativos que deciden el destino de millones de inmigrantes mantienen independencia frente al Poder Ejecutivo. Las oleadas de exoneraciones —sumadas a las renuncias de magistrados en medio del crecimiento explosivo de la fila de casos— ponen en tela de juicio la capacidad del sistema para garantizar el due process a quienes enfrentan deportación.
El movimiento afecta directamente al Executive Office for Immigration Review (EOIR), organismo del Departamento de Justicia responsable de administrar los tribunales de inmigración y la Board of Immigration Appeals. A diferencia de los jueces federales protegidos por el Artículo III de la Constitución, los jueces del EOIR son empleados del Ejecutivo contratados bajo un régimen probatorio de hasta dos años, lo que los hace especialmente vulnerables a presiones políticas.
Lo que está ocurriendo en los tribunales de inmigración
A mediados de 2025, al menos diecisiete jueces habían sido destituidos en diversas jurisdicciones, incluyendo Massachusetts y California. En Chelmsford, Massachusetts, el número de magistrados cayó de dieciocho a siete en apenas seis meses —una reducción de más del sesenta por ciento que se refleja directamente en los plazos de audiencia. Otros tribunales reportaron recortes proporcionales.
Varios de los jueces despedidos declararon en entrevistas a medios estadounidenses que recibieron cartas de despido sin justificación formal, en momentos cercanos al fin del período probatorio de dos años. Algunos describieron presiones para resolver mociones de archivo de manera alineada con la política del gobierno, en lugar de seguir criterios estrictamente legales.
El peso institucional del EOIR
El EOIR opera más de setenta tribunales distribuidos por todo Estados Unidos. Sus magistrados deciden solicitudes de asilo, cancelación de remoción, ajustes de estatus defensivos y diversas mociones en casos de no ciudadanos bajo procedimiento de removal. Aunque sus decisiones pueden ser revisadas por la Board of Immigration Appeals y, en última instancia, por los tribunales federales de apelación, en la práctica la mayoría de los casos concluye exactamente donde el juez administrativo decide.
La estructura es peculiar: el juez responde administrativamente al Attorney General, es decir, a la máxima autoridad política del Departamento de Justicia. El Attorney General también tiene la potestad de avocar casos individuales y revocarlos —instrumento utilizado en distintas administraciones para fijar precedentes vinculantes en puntos sensibles, como las categorías de asilo por violencia doméstica o los criterios de discrecionalidad.
Por qué la independencia judicial es crítica
La garantía de una decisión neutral es el núcleo del due process previsto en la Quinta Enmienda. Incluso los inmigrantes indocumentados tienen derecho constitucional a presentar su defensa ante una autoridad imparcial antes de ser removidos. Cuando los jueces perciben que la continuidad en el cargo depende de fallar conforme a las expectativas de quienes los contrataron, ese pilar se debilita.
Sindicatos que representan a los magistrados —como la International Federation of Professional and Technical Engineers— han denunciado las exoneraciones como amenazas a la integridad del sistema. Organizaciones de defensa de inmigrantes, incluidas el National Immigrant Justice Center y la American Immigration Lawyers Association, advierten que la pérdida de magistrados con experiencia amplifica disparidades ya documentadas en las tasas de concesión de asilo entre tribunales.
El backlog que agrava el problema
Datos públicos mantenidos por el TRAC Immigration Project de la Universidad de Syracuse muestran que la fila de casos pendientes en los tribunales de inmigración supera los tres millones setecientos mil casos. En algunos tribunales, el tiempo promedio de espera entre la primera audiencia y la decisión final supera los cinco años.
Cada juez destituido representa, en la práctica, miles de casos que deben redistribuirse. En jurisdicciones ya saturadas, eso significa audiencias postergadas, prolongación de estatus inciertos para quienes esperan una decisión y mayor tiempo de detención para quienes están bajo custodia del Immigration and Customs Enforcement.
Cómo funciona el ingreso y el período probatorio
El ingreso a la carrera sigue un proceso de selección administrado por el EOIR. Tras el nombramiento, el juez cumple un período probatorio de hasta dos años durante el cual puede ser destituido sin el debido proceso administrativo aplicable a los servidores de carrera. Ese intervalo es precisamente el punto vulnerable identificado por los magistrados removidos en 2025: la mayoría de las exoneraciones habría ocurrido cerca del fin del período probatorio, cuando la estabilidad aún no estaba garantizada.
Implicaciones para inmigrantes en proceso
Para quienes esperan una audiencia de asilo, un ajuste de estatus defensivo o una solicitud de cancelación de remoción, el panorama exige atención reforzada. Los cambios de juez a mitad del proceso son frecuentes en períodos de alta rotación y pueden afectar la coherencia de las decisiones. Las audiencias individuales pueden reprogramarse, los plazos de petición pueden acortarse y, en algunos tribunales, la práctica local sobre la concesión de continuances puede cambiar abruptamente.
Quien esté en proceso debe mantener la documentación organizada, monitorear el sistema Automated Case Information del EOIR para confirmar las audiencias y considerar con cautela la estrategia de solicitar un cambio de jurisdicción (change of venue), ya que los tribunales con alta rotación pueden tener fechas aún más lejanas.
Reformas en discusión
Desde hace años circulan en el Congreso estadounidense propuestas para retirar el EOIR del Departamento de Justicia y transformar los tribunales de inmigración en un Article I court independiente, similar al U.S. Tax Court. La idea es otorgar a los jueces una estabilidad equivalente a la de los magistrados federales, sacándolos de la cadena jerárquica del Attorney General. Proyectos como el Real Courts, Rule of Law Act han sido presentados en distintas legislaturas, pero nunca avanzaron lo suficiente como para convertirse en ley.
Sin una reforma estructural, el sistema seguirá oscilando según la orientación política de cada administración y episodios como los despidos de 2025 tenderán a repetirse. Para la comunidad inmigrante y sus representantes legales, la recomendación es seguir de cerca las asociaciones profesionales y los informes de organizaciones como TRAC Immigration y AILA, que documentan de forma sistemática las métricas de funcionamiento de los tribunales.
Qué observar de aquí en adelante
El ritmo de las próximas destituciones, la velocidad de nuevas contrataciones por parte del EOIR, la proporción de jueces aún en período probatorio y la evolución del backlog serán indicadores directos de la salud institucional del sistema. Los casos de asilo, en particular, son especialmente sensibles: la literatura académica evidencia una enorme disparidad en las tasas de concesión entre distintos jueces de un mismo tribunal, y la sustitución acelerada de magistrados puede amplificar esa desigualdad.
Para el lector interesado en inmigrar a Estados Unidos, el punto clave es simple: los tribunales de inmigración no funcionan como el poder judicial tradicional estadounidense. Son un engranaje del Ejecutivo, y sus decisiones dependen en gran medida del magistrado asignado al caso y de la política de la administración en el poder. Una planificación legal anticipada, basada en categorías migratorias sólidas, reduce la exposición a ese factor de imprevisibilidad.
Victoria Harper
Editor en jefe
Como periodista y editora líder en Visto n’ Visa, Victoria contribuyó para que los temas de inmigración sean abordados de forma clara, confiável y fácil de entender. Su foco es ofrecer contenido útil, humano y relevante para personas que exploran nuevos caminos en el exterior.