La relación entre los estadounidenses y la inmigración atraviesa un momento peculiar. Mientras el gobierno federal endurece sus normas, intensifica las deportaciones y restringe los visas, la opinión pública avanza en sentido contrario. Una encuesta del Instituto Gallup divulgada a mediados de 2025 reveló que el 79% de los estadounidenses considera que la inmigración es algo positivo para el país, el nivel más alto registrado en 25 años.
El dato contradice la suposición de que las políticas restrictivas reflejarían el sentimiento popular. En 2024, el 55% de los ciudadanos apoyaba reducir la entrada de extranjeros; un año después, ese porcentaje cayó al 30%. La inversión es una de las más pronunciadas jamás documentadas por Gallup desde que comenzó la serie histórica en 2001, cuando el apoyo a la inmigración se ubicaba en el 64%.
Los motores del cambio
Los especialistas en opinión pública señalan tres factores que impulsan el cambio. El primero es el reconocimiento creciente del papel económico de los inmigrantes. Los datos del Bureau of Labor Statistics muestran que los trabajadores nacidos en el extranjero representan aproximadamente el 18% de la fuerza laboral estadounidense, con una participación aún mayor en sectores esenciales como la agricultura (cerca del 30%), la construcción (alrededor del 24%) y la tecnología (aproximadamente el 22%).
El segundo factor es el impacto visible de las deportaciones masivas en comunidades específicas. Los reportajes sobre granjas que perdieron mano de obra, restaurantes que cerraron y hospitales que enfrentaron escasez de profesionales acercaron a parte de la población a las consecuencias prácticas de las políticas restrictivas. La teoría abstracta se convirtió en un problema concreto.
El tercer factor es la polarización política invertida. Cuando una política se convierte en la marca de una administración específica, los votantes del partido contrario tienden a alejarse de ella aunque antes la hubieran apoyado. Este fenómeno explica por qué parte del electorado demócrata, antes más escéptico respecto a los grandes flujos migratorios, hoy defiende posiciones más abiertas.
Los republicanos también cambiaron de postura
El movimiento más sorprendente de la encuesta provino del electorado republicano. En 2024, el 88% de los republicanos apoyaba reducir la inmigración. En 2025, ese número se desplomó al 48%. Aún más significativo: el 64% de los republicanos ahora cree que la inmigración genera beneficios netos para el país, una posición que hasta hace poco era minoritaria dentro del partido.
Entre los votantes hispanos, la aprobación a las políticas migratorias del gobierno federal se sitúa en apenas el 21%, frente a una media nacional del 35%. El dato tiene un peso electoral relevante de cara a 2026 y 2028, ya que los latinos representan una porción creciente del electorado en estados clave como Arizona, Nevada, Texas y Florida.
El apoyo a medidas de seguridad fronteriza se debilita
La encuesta también registró una caída en el apoyo a las medidas de control fronterizo. El respaldo a ampliar la Patrulla Fronteriza bajó del 76% al 59% en un año, un retroceso de 17 puntos porcentuales. La construcción de nuevas barreras en la frontera con México perdió aún más fuerza: solo el 45% de los encuestados apoya la medida.
Esto no significa que los estadounidenses hayan pasado a defender fronteras abiertas. La mayoría sigue respaldando algún nivel de control y orden en los procesos de ingreso. Lo que cambió fue el entusiasmo por soluciones drásticas como muros físicos y una rápida expansión de agentes de enforcement. La población parece preferir herramientas administrativas más sofisticadas, como el fortalecimiento de los tribunales de inmigración y la modernización de los puertos de entrada.
La contradicción entre opinión y política
El dato más paradójico de la serie es la coexistencia entre el apoyo a la inmigración y la aprobación al presidente en temas migratorios. Donald Trump mantiene índices relativamente altos de aprobación en seguridad nacional, y parte del electorado sigue respaldando un tono firme contra el ingreso irregular, al mismo tiempo que desea más inmigración legal y ordenada.
Esta aparente contradicción es menos contradictoria de lo que parece. Los estadounidenses parecen distinguir, con creciente claridad, entre la inmigración ordenada (visas, green cards, procesos formales) y los flujos irregulares por la frontera sur. La primera gana apoyo; la segunda sigue generando resistencia. El desafío para los formuladores de políticas consiste en construir vías legales lo suficientemente sólidas para absorber la demanda y, así, reducir la presión sobre los cruces clandestinos.
Los inmigrantes y la economía estadounidense
Estudios recientes de la National Foundation for American Policy y del Cato Institute refuerzan el argumento económico. Las empresas fundadas por inmigrantes o sus hijos representan una proporción desproporcionada de la generación de empleo y los ingresos corporativos en EE. UU. Entre las 500 mayores empresas listadas en el Fortune 500, más del 40% tienen fundadores inmigrantes o descendientes directos de inmigrantes.
En el sector tecnológico, la presencia es aún más marcada. Más de la mitad de las startups de Silicon Valley valuadas en más de US$ 1.000 millones tiene al menos un cofundador inmigrante. Esta concentración ayuda a explicar por qué ejecutivos de gigantes como Google, Microsoft y NVIDIA han presionado abiertamente por reformas que amplíen los visas para talentos calificados.
Implicaciones para quienes planean emigrar
Para los profesionales extranjeros que evalúan migrar a los Estados Unidos, la lectura de la encuesta Gallup tiene implicaciones prácticas. Primero, el entorno social tiende a ser más receptivo de lo que sugieren los titulares restrictivos. Segundo, el argumento económico a favor de la inmigración calificada cuenta con respaldo tanto en datos como en la opinión pública, lo que hace poco probable que visas basadas en méritos como la EB-1, EB-2, EB-2 NIW y O-1 sean objeto de recortes severos.
Tercero, la contradicción entre la opinión pública y la política pública sugiere que los cambios regulatorios pueden oscilar en los próximos años. Quienes construyen un plan migratorio deben evitar apostar todo a ventanas legales específicas y, en cambio, diseñar estrategias con más de una ruta posible. Esto implica combinar, por ejemplo, calificación académica, comprobación de impacto profesional y un portafolio internacional capaz de sustentar solicitudes por interés nacional.
La historia muestra que los períodos de retórica restrictiva frecuentemente coexisten con una expansión silenciosa de visas basadas en méritos, especialmente cuando la economía necesita talento. La encuesta Gallup de 2025 sugiere que ese puede ser exactamente el escenario en curso. Para quienes se preparan con anticipación — con documentación sólida y una estrategia profesional consistente — el entorno sigue siendo más favorable de lo que aparenta.
Victoria Harper
Editor en jefe
Como periodista y editora líder en Visto n’ Visa, Victoria contribuyó para que los temas de inmigración sean abordados de forma clara, confiável y fácil de entender. Su foco es ofrecer contenido útil, humano y relevante para personas que exploran nuevos caminos en el exterior.